Bautismo DE Agua

 

¿Que significa la palabra BAUTISMO?

Bautismo  NT:907; verbo griego baptizo (bap-tid'-zo); (intensivo de bápto), y sus derivados, que significa introducir en el agua, sumergir, sumérjase; ( moje completamente); es utilizado solamente en el N. T. en la ordenanza del bautismo cristiano y cuando refiere al bautismo del Espíritu Santo.

 

 

¿Quiénes se bautizan?

Cristo lo instituyó en obligatorio para todos sus discípulos (Mt 28.19).

 

El bautismo en el Nuevo Testamento es la puerta de entrada al comunidad del nuevo ® Pacto, que permite a los que pasan por ella experimentar los beneficios de dicho pacto.

Juan el Bautista insistió en que se bautizaran los judíos. Cristo se sometió al bautismo con el que inició su identificación pública con los pecadores, identificación que culminó en la cruz (Mt 3; Mc 1.9–11; Lc 3.1–22; Jn 1.19–34; cf. Mc 10.38, 39).

Como señal inicial para el miembro agregado al ® Pueblo del nuevo pacto, el bautismo reemplazó a la ® Circuncisión (Col 2.11, 12) y llegó a implicar tanto los requisitos como los beneficios del pacto.

Juan el Bautista insistía en el ® Arrepentimiento (que incluía una confesión pública de pecado) y les prometía a los bautizados el ® Perdón de sus pecados. El bautismo cristiano vino a señalar un segundo beneficio básico: el don del ® Espíritu Santo y su poder regenerador (Mc 1.8; Hch 1.5; 2.38; 10.47; cf. Jn 3.5; Tit 3.5). Al igual que la circuncisión (Ro 4.11), al bautismo le precedía (al menos en el caso de los adultos) la fe (Hch 8.12, 13; 16.31–34; 18; etc.).

 

 

Romanos Capítulo 6

6.1 La enseñanza de Pablo en 5.20, 21 que a mayor el pecado más abundante la gracia era susceptible de ser tergiversada. Algunos podrían decir que si pecando ofrecen a Dios la oportunidad de mostrar lo grandioso de su gracia, entonces debían pecar una y otra vez.

6.2 La idea del cristiano perseverando en el pecado es totalmente contraria al evangelio. El pecado es odioso y destructivo, y aquellos que han muerto al pecado y a su poderosa influencia no deben desear vivir en él nunca más.

6.3 El bautismo del agua es un símbolo de la unión del creyente con Cristo en su muerte, sepultura (v. 4) y resurrección (vv. 4, 5; Ef 2.6; Col 3.1).

6.6 Nuestro viejo hombre es nuestra vida antes de la conversión, lo que éramos antes de ser cristianos bajo el dominio irrestricto de la carne. El cuerpo del pecado se refiere a la naturaleza pecaminosa dentro de nosotros, no al cuerpo humano. El verbo griego traducido como sea destruido no significa ser aniquilado, sino derrotado y privado de poder.

6.11–14 Véase la sección 4 de «Verdad en acción» al final de Romanos.

6.11 Muertos al pecado: No sometidos al pecado ni al dominio de su poder en nuestras vidas, muertos a su poder esclavizador (pero no a todas sus influencias: véanse vv. 12, 13, 15, 16).

6.12 Pues: una conclusión lógica de los vv. 2–11 es que si estamos muertos al dominio del pecado, y si el pecado ejerce efectos destructivos en nuestras vidas, entonces, como es natural, no debemos dejarlo que reine en nuestros cuerpos.

6.13 Enfrentamos un continuo reto día tras día: nos inclinamos ante el pecado o ante Dios. Miembros: las varias partes de nuestro cuerpo, probablemente como representativas de todos los aspectos de nuestra vida.

6.14 Aunque en esta vida nunca podemos decir que estamos libres de pecado (Stg 3.2; 1 Jn 1.8, 10), tampoco debemos decir: «Este pecado me ha derrotado, me rindo». El poder de la resurrección de Cristo, que obra en nosotros (vv. 4, 5, 11), es mayor que el poder de cualquier pecado, no importa el tiempo que haya afectado nuestras vidas. Estar bajo la ley es estar subordinados a un sistema que nos obliga a ganarnos la salvación obedeciéndola, pero estar bajo la gracia es ser justificado y vivir por el poder de la resurrección de Cristo que mora en nosotros. Podemos morir al pecado, no porque la Ley lo prohíbe, sino por todos los recursos que nos ofrece la gracia. Algunos interpretan erróneamente este versículo como si no importara que los cristianos desobedecieran los mandamientos morales de Dios, porque ya no están «bajo la Ley». Tal punto de vista está en contraposición con las concepciones de Pablo sobre el pecado, y las propias palabras de Jesús sobre la Ley (Mt 5.17–20).

6.15–23 Otra vez Pablo refuta la suposición de que la gracia alienta o permite el pecado (véase v. 1). Usa la analogía de la esclavitud para oponerse a la tolerancia ante el pecado y lanza una advertencia sobre las serias consecuencias de ceder a su influencia.

6.16–23 Véase la sección 4 de «Verdad en acción» al final de Romanos.

6.16 Una persona es esclava de aquello ante lo que se inclina y de lo que reconoce como su dueño. Si obedece el mandato del pecado, éste es entonces su amo y se mueve en dirección hacia la muerte. Si obedece el mandato de la justicia, ésta es a quien se somete, y experimenta la verdadera vida.

6.17,18 Los lectores de Pablo, una vez esclavos del pecado, han renunciado a su antiguo amo y se han consagrado como siervos de la justicia.

 

 RIQUEZA LITERARIA

6.17 obedecido, Strong #5219: Oír como un subordinado, escuchar atentamente, obedecer como un súbdito, contestar y responder, someterse sin reserva.Se aplicó particularmente a siervos que estuvieron atentos a las peticiones que se les hicieron y las cumplieron. El vocablo contiene las ideas de oír, responder y obedecer.

   

 

6.19–23 Pablo utiliza la analogía humana de la esclavitud en su apelación a la santidad de los creyentes. Al hacerlo recuerda a sus lectores el contraste entre la vieja vida aún no regenerada, y la nueva vida en Cristo. Los esclavos del pecado no reconocen la necesidad de la justicia, sino que se abandonan al proceso de deterioro moral que culmina con la muerte (v. 21). Los siervos de Dios, al contrario, se consagran a la santidad, un camino que conduce a la vida eterna (vv. 19, 22). El v. 23 resume las consecuencias de los dos tipos de esclavitud.[1]



[1]Hayford, Jack W., General Editor, Biblia Plenitud, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1994.